Swift

Una más.

El dolor había pasado, por primera vez había un poco de silencio en la habitación. Había dejado de pedir por favor, de gritar basta, de reclamar ayuda. Santiago sonreía para calmarme, me agarraba la mano y pronunciaba algunas palabras que nunca escuché.
Me sentía mareada, balbuceaba oraciones inconclusas, tenía sed y el dolor había vuelto. Lo vi alejarse, desperté con alguien tomando mi brazo e inyectándome algo, pregunté qué era, morfina respondió. Sentí sed, el dolor desapareció momentáneamente.
Comencé a hablar de como la conocí, me invadió el miedo y hablaba llorando. Santiago, que era la persona más cercana y desconocida en ese momento, me agarró la mano para intentar calmarme y sin saberlo, lo había logrado.
Me miraba, nunca nos habíamos imaginado en esa situación. Lo miraba y lo notaba preocupado, sabía que las cosas no estaban bien y trataba de no transmitírmelo.
Sonó el celular y salió de la habitación, volvió con una sonrisa y acariciándome la cabeza dijo "No te preocupes, todo va a salir bien", con una leve mueca pensé "lo que sea que tenga que pasar, pasará".
Salió a buscarme agua, el dolor apareció de nuevo y trataba de pensar en otra cosa. Cerré mis ojos, recordaba sus besos, el dolor había pasado y en algún momento me dormí. Desperté con June sacándome sangre, luego puso otra bolsa de suero y me dió otra dosis de morfina. Nos presentamos y le pregunté qué tal era Irlanda. Era la quinta enfermera que me sacaba sangre, y a todas les había preguntado de dónde eran originalmente.
Santiago tenía que irse y entró Selina a cuidarme. Selina era de Nepal, era estudiante haciendo 4 semanas de práctica y habíamos hablado mucho. Me despertó en la madrugada para despedirse y presentarme a Glocelyn.
De Glocelyn recuerdo poco, despertó para presentarme al doctor y a su equipo de cirugía. El dolor había desaparecido. Miré por la ventana y vi un cementerio.
Al menos está cerca, pensé.




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